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La compulsiva ansiedad de fingir distracciones: la procrastinación

El avestruz corre en zig-zag cuando huye de sus depredadores; se dice, además, que entierra la cabeza en la arena en busca de protección y claridad cuando no sabe muy bien qué hacer. El denominado «síndrome del avestruz», se aplica cuando se desea ilustrar el acto de huir de los problemas y/o quehaceres. Mucho de aquello puede ser relacionado directamente con el concepto «Procrastinación». Procrastinar puede ser entendido como el «retrasar o desatender una tarea por otras de menor importancia». Si bien, hoy vivimos en un mundo colmado de deberes y responsabilidades, más de las que nuestros antepasados hubiesen llegado a imaginar, muchos de esas responsabilidades no son más que detractores de nuestra concentración y estabilidad psico-emocional.  La procrastinación se encuentra directamente ligada al tiempo en función del grado de importancia que le conferimos a las actividades que debemos hacer.  Por lo que se ciñe al ámbito del deber y la productividad, puesto que de no tener impuesta esa labor o actividad, el procrastinar no existiría.

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Un dragón que mora en silencio

La procrastinación hace difíciles las cosas fáciles, y hace todavía más difíciles las cosas difíciles.
Mason Cooley
(1927-2002) Aforista y profesor estadounidense

Nos dan una tarea que realizar y tenemos tres semanas para entregarla. Me confío, queda bastante tiempo, así que no me preocupo en absoluto. En ese momento es sólo un trabajo que debo realizar «en algún momento» y no entregar hasta la tercera semana del mes. Pero, me conozco y sé que tiendo a dejar para el final las cosas. Entonces, en ese momento el trabajo que era tan sólo un trabajo más, se transforma en un dragón que mora silencioso en el cajón de mi escritorio.

El tiempo va pasando, y pese a sentir ansiedad y angustia en lugar de tomar ese trabajo convertido en dragón, mirarlo directamente a los ojos y enfrentarlo como sé que debería, hago cuenta que no existe, yéndome a hacer otra cosa.

Aparentemente, quité de mi vista el «obstáculo», pero aquello que mora silencioso en el cajón me atormenta cada vez que puede:  me asedia de día y de noche, me hace dormir mal, incluso boicotea mi tranquilidad enchándome a perder momentos agradables cada vez que pienso en él.

Cada vez que huyo del dragón, este dragón que antes no era tal, se hace más grande y yo más pequeño. Llevaremos, así, una lucha de poder destinada a fallar a su favor, si es que no rectifico mi actitud. Lo que debo hacer es afrontándolo y privarlo a la posibilidad de resentir mi autoestima y controlar mi disciplina.

Así es como este panorama común y nefasto termina por convertirse en una herida abierta cada vez que «eso» espera por mi. Seguir sin tomar acción y responsabilidad golpea fuertemente nuestra autoestima porque indica nuestra falta de disciplina, nos auto-percibe como cobardes (quizá debido a la incapacidad de regular un eventual fracaso) Si ocurre debido a esto último, probablemente sea un indicador de falta de confianza o de encontrarnos faltos de competencias. Lo cierto, es que  procrastinar producirá angustia y sufrimiento a la larga.

La cobardía es negligencia con uno mismo

Se hace patente que sólo hay dos clases de cobarde: los que huyen para atrás y los que huyen para adelante.
Ernesto Mallo
(1948-) Escritor, Dramaturgo y periodista argentino

Pensemos en que alguien nos molesta o se mete con nosotros queriendo dañarnos y, por las razones que sea (quizá por temor o por no querer formar problemas y ahorrarnos un momento incómodo) no somos capaces de enfrentarlo. Lo que ocurrirá será que esta persona se hará más grande porque aprenderá que cuando abusa de nosotros no hay consecuencias. Aprenderá que tiene el poder y libertad de hacerlo cuantas veces quiera porque,  pareciera no importarnos, porque no hacemos nada para que eso cambie.

Es más fácil detener a alguien que se burla de nosotros por primera vez, que detener a alguien que lleva burlándose de nosotros toda la vida.

La procrastinación es un problema de cobardía que daña gravemente nuestra calidad de vida. El problema es similar al caso anterior con el dragón,  no obstante, en este último existe un factor externo de mi angustia. En ambos casos, si no hago algo, mi autoestima estará condenada a estar siempre a su merced y en claro descenso. Este descenso hará qué, más temprano que tarde, la imagen que tengo de mí comience a molestarme, asqueándome al punto de insegurizarme en el futuro.

¿Nos gustaría que nuestros seres queridos nos vieran con lástima: palastados o dañados a raíz de nuestra propia incapacidad de lidiar con las dificultades, incluso creando problemas que en realidad no existen? Es más, en el fondo está la esperanza e ingenua presunción de que no volverá a ocurrir, que aquella persona que nos amedrenta no lo volverá a hacer. Sin embargo, nada garantiza que finalmente sea así, si es que no se le pone un alto. Viviré, entonces, alerta y con miedo, pues temeré a cada momento de lo que pueda hacer conmigo. Termina, finalmente, siendo un asunto de poder, porque cada vez que ignoro algo debo hacer sabiendo que es importante, le otorgo poder a «eso» haciéndolo más grande mientras yo más me empequeñezco.

Seguir sin tomar responsabilidades, sin hacerse cargo de uno mismo es algo que se entrena de la misma forma en que revertirlo también se entrena. Aquello de "lo haré después, aún queda tiempo" es un gesto facilista y cobarde que se emplea a diario para no tener que lidiar con el problema de salir de nuestra "zona de confort", la cual creemos que desinteresadamente nos cobija y que, por el contrario, no hace más que debilitarnos.

Un procrastinador se hace, no nace: los tres tipos de procrastinador

Se hace patente que sólo hay dos clases de cobarde: los que huyen para atrás y los que huyen para adelante.
Ernesto Mallo
(1948-) Escritor, Dramaturgo y periodista argentino

¿Pero de dónde proviene este deseo de dejar de hacer aquello que debemos hacer? Según Joseph Ferrari y Timothy Pynchyl, profesores expertos en conducta, afirman que el entorno es un fiel reflejo de nuestra conducta y desempeño en el ámbito de la productividad: señalan que mucho de este problema tiene su origen en el entorno y en la primera infancia , ya que es en la crianza en donde configuramos modelos que replicaremos con respecto a la percepción que tendremos sobre el trabajo. Dirán, que mucha de la visión que nos hagamos sobre las actividades a desempeñar tendrá relación partir de cómo los adultos visualizan sus propios quehaceres, por lo que si se está inmerso en un entorno en donde la noción de trabajo se percibe como si fuese un castigo o algo que provoca aburrimiento y rechazo, la concepción sobre este no será muy auspiciosa. Por otro lado, si se ha sido formado en un ambiente demasiado autoritario y aprehensivo, el trabajo terminará viéndose como una forma de rebelión más que una forma de voluntariosa y personal satisfacción.

1.- primer grupo

El primer grupo está compuesto por aquellas personas que temen al éxito o al fracaso, ya que, constantemente, se ven condicionadas por las opiniones de las demás personas en lugar de hacer valer, privilegiar y priorizar sus propias impresiones.

Solución: la solución se consigue fortaleciendo la autoestima. Dándonos cuenta que el juicio ajeno siempre estará ahí, pero que en lugar de sentirnos amedrentados por él, debemos percibirlo como lo que es: como un juicio fundado en base a un punto de vista único, no necesariamente correcto y condicionado por múltiples factores.

2.- segundo grupo

El segundo grupo está compuesto por aquellos que no pueden tomar decisiones ni hacerse responsables de las consecuencias que conlleva esa toma de decisiones. Como en el punto anterior, en este caso el problema radica en la falta de rigor y toma de conciencia tanto personal como interperseonal frente a sus acciones.

Solución: la solución se consigue comprometiéndonos con nosotros mismos aumentando el nivel de responsabilidad con aquello que hacemos o dejamos de hacer. Es importante tener siempre en cuenta que salir de nuestra zona de confort y acertar es motivo suficiente para continuar haciéndolo.

3.- tercer grupo

Por último, se encuentra el grupo de quienes aman la emoción de hacer todo en último momento. Sin duda esta es una conducta nociva que les angustia y estresa frecuentemente, pero no por eso dejan de replicarla, convirtiéndose en un hábito. Muchos de estos procrastinadores dicen sentirse incluso a gusto y hasta enorgullecerse acerca de esta forma de proceder, principalmente porque tienen la idea que «bajo presión hago las cosas mejor». El problema es que durante el proceso no se dé lo mejor debido al tiempo reducido que tienen para reflexionar y materializar; desgastándose pricológica y emocionalmente destruyendo la posibilidad de generar disciplina y hábitos de trabajo.

Solución: la solución se consigue teniendo la predisposición a hacer el trabajo en partes o por capas, al tiempo que, además, nos vamos haciendo conscientes de las severas repercusiones anímico-emocionales que conlleva este tipo de prácticas que no necesariamente promueven un trabajo de mejor calidad.

Cultivando la práctica: las 3 etapas del hábito

Cualquier esfuerzo resulta ligero con el hábito.
Tito Livio
(59 ac.-17 dc.) Historiador romano

Un hábito es como una vereda en el pasto; es decir, un lugar que a fuerza de repetido transito se termina convirtiendo en camino, por lo que, cada vez que se camina a través del pasto, el camino se hace más visible. En cambio, si se deja de transitar, el camino se borra por desuso. Así es como operan los hábitos, tanto los buenos como los malos hábitos.

No resulta extraño para nadie que un hábito allana el camino dada la condición repetitiva de nuestras acciones. Esto con el paso del tiempo producirá disciplina minorizando el esfuerzo. Te decimos a continuación cómo cimentar un hábito perdurable.

Señal de inicio

La señal de inicio es aquello que nos pone en marcha. En el caso anterior vendría siendo ese sentimiento de ansiedad, miedo o estrés que se experimenta ante la presencia de una actividad a realizar o problema (dragón o matón)

Rutina asociada

La rutina asociada es aquel patrón que frecuentemente adquirimos y realizamos voluntariamente. En este caso, tras sentir esta sensación desestabilizante (ansiedad, miedo o amenaza) huyamos no haciéndole frente al problema. Esconder la cabeza en la arena al tiempo que escondemos al dragón en el cajón quitándolo de vista termina creando una rutina de la procrastinación.

Recompensa asociada

La recompensa asociada a la rutina podría ilustrarse como «aquel sentimiento de seguridad que produce una determinada rutina». Sentir que nos hacemos un bien dejando al dragón dentro del cajón supone una recompensa momentánea que no resuelve el problema. La única recompensa duraradera es aquella procede de la satisfacción de haber terminado el trabajo.

Cada vez que ejecutamos la rutina de la procrastinación por las razones equivocadas, terminamos fortaleciendo el hábito de la cobardía o la pereza, ocasionando de manera voluntaria que el problema crezca.

Interrumpe las interrupciones: trabaja en tu enfoque

Por la calle del «después» se llega a la calle del «nunca».
Luis Coloma
(1851-1915) Escritor, periodista y Jesuita español

Hoy más que nunca con teléfonos inteligentes que nos notifican absolutamente de todo y sobre todo, no es de extrañar que exista una abrumadora ansiedad casi compulsiva de tener que «consultarlos» a cada momento. Los teléfonos e Internet más que ser una forma de mejora sobre nuestros conocimientos y productividad, han terminado por ser un lastre en cuanto a nuestro nivel de atención. Misma cosa ocurre con las redes sociales, por lo que direccionarlas sabiamente puede significar una enorme ayuda para nuestro trabajo; por el contrario, si damos cabida a responder cada mensaje que llega o a consultar qué hizo o qué no hizo alguien, definitivamente seremos menos productivos. El entorno condiciona fuertemente lo que estamos dispuesto a hacer o dejar de hacer, por lo que, si estas herramientas se vuelven un perjuicio, se capaz de preverlo a tiempo.

Siguiendo con el entorno: si tus amigos son flojos y prefieres salir con ellos antes de terminar algo que sabes que, de no hacerlo no podrás pasar un rato agradable con ellos, mejor no salgas. Haz el trabajo primero. Si no empleas bien el tiempo, el único tiempo que te regalarás será para generar más justificaciones de aquello que omites y también más culpa sobre lo que dejas de hacer. Por lo tanto, se vuelve imprescindible aprender a bloquear las distracciones. Para esto, lo primero es aprender a conocerse en relación al trabajo: a quienes pueden trabajar al aire libre; mientras que hay pesonas que necesitan de un escritorio una taza de café y cero ruidos; también están aquellas pesonas que son productivas con audífonos a todo volumen insonorizando lo que está afuera. La decisión es personal, por cierto, pero siempre resulta útil conocer en qué entorno trabajas mejor.

Lo cierto es que cada vez que huimos de algo que debemos hacer, ya sea por sentirnos incómodos o en peligro "a causa de algo"; creamos una ilusión de seguridad que no se ajusta a la realidad torturándonos a cada recuerdo. La clave está en saber qué es lo que nos pone en un peligro real y bajo qué parámetros concebimos sentirnos a salvo.

El buen tic tac: la ansiedad redirigida. Usa el método de los 25 minutos "método pomodoro" y finaliza tus proyectos

Los líderes destacados hacen hasta lo imposible por elevar la autoestima de su personal. Si la gente cree en sí misma, es increíble lo que pueden lograr.
Sam Walton
(1918-1992) Empresario fundador de Walmart

Consideraciones

1.- Ser estricto y enfocarte en el asunto: cuando trabajes, trabaja. Es clave tener esta disposición en mente antes y durante el trabajo, así como la eficiente administración de tu tiempo.
2.- Coordinar y planear «qué» y «cuándo» tienes que hacer algo. Anotar estos datos como tareas o rutinas diarias te hará más fácil el generar hábitos rápidamente, pues estarás más organizado haciéndote sentir en control de la situación. (No dejes que el dragón se haga más grande)
3.- Comprométete con el trabajo, mientras más y mejor te involucres más fácil será.

Método de los 25'

Método Pomodoro
0%
Trabajo 15' Descanso 15'

Los primeros 25 minutos vuélcate de lleno al trabajo (no te será tan difícil sabiendo que sólo serán 15 minutos y después tendrás otros 15 de relajo) una vez terminados los primeros 25, toma el descanso, pero sólo el tiempo convenido. Ahora, si deseas tener más descanso que el único modo sea ampliar proporcionalmente el tiempo de trabajo.

En cuanto suene la alarma y el tiempo de descanso haya terminado, prosigue con el trabajo. Repite el modelo y ve cómo aminora la carga y percepción del trabajo, ya que este parecerá más un juego que una imposición difícil de sobrellevar.

Bien sabemos lo difícil que es «autoconvencerse» cuando tenemos ante nosotros una tarea que no nos atrapa como debiera. No tiene sentido engañarte a ti mismo. Si eso ocurre y sabes que necesitarás más descanso, no olvides usar el mismo criterio cuando vuelvas al trabajo. Verás, también que, en caso de sonar la alarma y si el trabajo consiguió captar tu atención en algún momento es muy probable que apagues la alarma cuando esta suene y trabajes más del tiempo previsto.

Obra empezada, medio acabada: el trabajo en capas

Tú podrás retrasarte, pero el tiempo no lo hará.
Benjamin Franklin
(1706-1790) Político, científico e inventor estadounidense

Cuando eres un procrastinador lo más difícil es empezar. Lo primero que necesitamos entender es que la procrastinación se alimenta del tiempo que perdemos pensando en cómo tenemos que hacer dicha actividad. Pensar tanto en pasado o en presente en lugar de tan sólo comenzar provoca un estrés gratuito. No olvides que la procrastinación es el asesino de las oportunidades.

Dividir lo que haces en pequeñas partes provoca que conozcas al dedillo cada capa o segmento del trabajo; por otro lado, hace que no cargues con la abrumadora e ilusa decisión de contar con el tiempo justo… uno nunca sabe lo que puede llegar a ocurrir.

Si tienes un trabajo esperando en el cajón, un libro que leer, un artículo que escribir o una información importante que hacer saber o cualquier cosa que estés relegando para que, mágicamente se concrete, hazlo. Lo harás una vez y saldrás del problema.Evalúa las prioridades y deja de lado lo que no aporta y que a veces produce satisfacción rápida, pero no te quita el trabajo de encima. Si debes entregar algo para los próximos días, comienza hoy; si debes entregar algo para las próximas horas no te pongas a ver un capítulo en Netflix de esa serie que tanto te gusta porque sólo provocarás un sentimiento de culpa. Vela una vez terminando el trabajo o avanzado lo suficiente. Por lo que no es lo mismo dejarlo para el día anterior a la entrega que hacerla por tramos, quizá 30 minutos o 1 hora  cada día hasta que no te des ni cuenta cuando no falte nada para terminarlo.
Es mejor ver un trabajo por capas en las cuales puedes ir puliendo esmerada y concienzudamente cada parte que apuntar para cualquier lado y no terminar ninguna con el resultado deseado. Si desparramas mucho más de lo que ordenas te verás en algún momento sobrepasado por la tarea. Una buena recomendación es que comiences por lo más difícil, ya que eligiendo lo más difícil hará que le brindes más tiempo haciendo que lo restante sea más sencillo.Habitualmente las tareas que vemos como difíciles sólo parecen serlo en apariencia, pero no lo son tanto una vez que comenzamos.

Procrastinar es sacar provecho de satisfacciones que no son de provecho.

Si la gente se premiara cada vez que hace algo que les daba pereza empezar, darían muchas más ganas de terminarlo porque habría motivos para terminarlo. No se trata de premiar cualquier cosa por más mínima que fuera porque de ser así estaríamos incurriendo en una solapada procrastinación, ya que, generalmente el primer premio que nos damos es dejar de lado el trabajo. Más bien se trata de brindarse un pequeño incentivo. Hacer esto cuando es correcto fomenta la disposición y nos vuelve más productivos al cambiar nuestra disposición cuando sabemos que no lo estamos siendo.

Hazte consciente cuando estés procrastinando o cuando comiences con justificaciones y estés a punto de hacerlo. Pregúntate sobre las ventajas y desventajas del trabajo  ¿Qué es lo mejor que podría pasar si lo hago? ¿Qué es lo peor que podría pasar si dejo de hacerlo?.

Escrito por Nuevo Gigante

Somos una comunidad proactiva dedicada al crecimiento y desarrollo personal y profesional. Nos dedicamos a mejorar integralmente lo que somos por medio de lo que pensamos y hacemos. Bienvenidxs.

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