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La importancia de callar: un árbol que crece en silencio

La vida no es cuestión de tener buenas cartas, sino de jugar bien con una mano pobre.
Robert Louis Stevenson
(1850-1894) Novelista, poeta y ensayista británico
Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra.
Georges Clemenceau
(1841-1929) Médico, periodista y político francés

José cuando niño tenía por costumbre subir a un bus y dar vueltas por donde fuera que este lo llevara. Desde la ventana miraba a la gente caminar, las miraba con extrema contemplación. Se figuraba el sentido de sus vidas y las motivaciones que habrían detrás de sus pasos. Veía a la gente esperando en el paradero e imaginaba qué bus tomarían, a dónde irían. 

En silencio, la quietud y el paisaje le servían de compañía en un mundo que, hasta entonces, prescindía de la compañía de los smartphones. Hoy, el panorama es irremediablemente distinto. Estruendoso y acompasado marcha el mundo moderno. Más tarde y, sin más, la velocidad de la vida creó en José una percepción extrañada de los acontecimientos; pero, también, de las personas a su alrededor. José sentía que hasta sus propios sentimientos se encontraban descolgados de sí viviendo en frecuencias difusas y lejanas.

Indice de Contenidos

Callarse para encontrarse: callarse para escuchar

Las grandes elevaciones del alma no son posibles sino en la soledad y en el silencio.
Arturo Graf
(1848-1913) Poeta y Crítico literario italiano

Bien es sabido que el silencio posee distintos significados y formas, grados y connotaciones a través de las épocas y situaciones. «Quien calla otorga», se dice, pero también quien calla manifiesta implícitamente su molestia porque es mejor ser rey de tu silencio que prisionero de tus palabras, así como, «quien calla a palabras necias» o también porque «callar es de sabios». Por otro lado, existen silencios rotundos y apabullantes como la soledad o la muerte… Pero nosotros ¿qué momento dejamos para callar? Lo cierto es que el silencio nos ayuda a poner freno al tiempo que nos permite identificar lo que nos sucede internamente, en lugar de estar constantemente prisioneros de estímulos externos.

Se puede callar por innumerables razones: respeto, expectación, ignorancia, desdén, vergüenza, sabiduría, sumisión, rebelión, miedo, mentira o amor.
En el mundo de hoy, en este vórtice de las comunicaciones que giran en torno a la inmediatez y cuya finalidad no es otra que comunicarnos con mayor celeridad y profusión, curiosamente, nos sentimos más huérfanos que antes y menos entendidos. El silencio resulta ser un bien preciado, un síntoma incluso de algo mucho más profundo.

Callar hoy en día es motivo de preocupación.

El mal de este siglo es, sin duda, el no detenerse. Detenernos conlleva a fallar deliberadamente, en apariencia, siendo dueños tan sólo de retazos de realidad en una vida que nos sucede sorpresivamente. No detenernos acrecienta el rango de equívoco.

¿Tememos hoy más que antes a guardar silencio?

La respuesta es tan compleja como enigmática, pues la forma en la cual callamos es tanto o más importante que lo que se dice y/o manifiesta. La forma de callar es otro tipo de expresión.
La máxima del lenguaje nos enseña que es simplemente imposible dejar de comunicar, ya que hasta cuando guardamos silencio estamos exteriorizando información. Bien es sabido que en ciertas culturas el silencio es un método para alcanzar la paz interior.

La presión social nos aterra en su vorágine, nos insta a hablar, pero jamás se nos promueve en dicha comunicación a utilizar las palabras con valor edificante. Se cree a menudo que uno gusta más a los demás en función de qué tan locuaz o inmersivo seamos en comunidad. Hablar de tal o cual tema automáticamente te confiere como un experimentado que te brinda status sin importar lo que digas. Pero quien no sabe callar tampoco sabe hablar. Callar siempre será parte de tu estrategia de comunicación. 

Las palabras no deberían contarse una a una, sino más bien pesarse en relación al grado de domino y veracidad que hay en ellas. ¿Pero, en el fondo no es tan importante la forma? ¿O es que nos hemos ido perdiendo en una ilusión que solo da reductos aparentes de certeza? El simplismo no es sinónimo de expresarse de manera simple y efectiva. El silencio ordena y hoy más que nunca está en pie este pensamiento, decir lo que se cree es algo invaluable; siempre y cuando existan razones para hacerlo y no por razones me refiero a razones vanas o perecederas, por falta de motivación o articulación, sino precedentes de aspectos claros y serios, pero, sobre todo, sinceros. Manifestarse es hablar queriendo concordar pensamiento y sentimiento.

La verborrea mata por impertinencia de la misma manera en que mucha agua ahoga a una planta. En ocasiones el exceso de parloteo ahoga nuestros argumentos.

Pero también cabe diferenciar que existen momentos en los que callar trabando el ciálogo representa la muerte. Por ejemplo, en una relación sentimental. Las relaciones interpersonales se fortalecen mediante la constancia y, en el caso de una pareja, no ocurre distinto. Para esto último, la comunicación debe ser el primer acto que funcione como obertura y cierre de una actividad que se confecciona en conjunto. En una pareja la comunicación posibilita el conocimiento mutuo, ya que potencia la consolidación del vínculo, poniendo de manifiesto las razones de ese sentimiento. El silencio puede representar la muerte si es que una pareja se ignora deliberadamente sin la capacidad de flexibilizar disposiciones. Si no existe pretensión a concordar, irremediablemente los integrantes terminarán por separarse «incluso cuando esto no sea físicamente», porque sobrevendrá el desconocimiento, auqello bien connocido como «extrañamiento». Asimismo, es sabio callar en momentos de molestia o hasta de ira con tal de no dañar al otro, pero siempre manteniéndose sinceros y accesibles. 

Cada vez que callamos para recomponersos sirve para dar el siguiente paso porque el silencio opera como un bálsamo para nuestras ideas. Si diéramos más tiempo a cultivar el silencio, no es de extrañar que, acertaríamos con mayor frecuencia en muchas decisiones, ya que el ímpetu maldireccionado nos empuja habitualmente a un precipicio que no notamos hasta cuando estamos a segundos de desbarrancarnos. 

La única vez que callamos y dejamos de operar ideas representadas en símbolos y sentimientos es cuando dormimos. El sueño es un estado con el cual reponermos fuerzas físicas y mentales en donde con plena autenticidad sale a flote lo que somos y tenemos dentro. Cuando soñamos dejamos de estar alerta a estímulos externos y nos concentramos en nuestra subjetividad. Somos más que nunca nosotros mismos despojándonos de la coraza que implica estar irremediablemente sometidos al juicio público. En los sueños nos revelamos a nosotros mismos, nuestro interior emerge como telúrico sonido.

Callar en soledad eleva la mente... y el espíritu

El silencio es la primera piedra del templo de la sabiduría.
Pitágoras
(569 ac.-475 ac.) Matemático y Filósofo griego

Callar es sabio porque en mucha medida el silencio está más cerca de la verdad que nuestras palabras.
En la capacidad de comunicarnos se origina la posibilidad de faltar a la verdad (por las razones que sea) Nos gastamos en las palabras: dejando de hablar proviene la meditación. La meditación y la oración tienen cabida en el silencio por ser actos solemnes que apelan al virtuosismo desde lo más íntimo que somos. Si el alma recibe el silencio ésta dará en actividad. La lucidez y el camino a las cosas cruciales ineludiblemente deben pasar por el tamiz del silencio. 

La meditación nos brinda enfoque y perspectiva para afrontar la cotidianidad, desarrollando nuestras habilidades de observación, puesnos da la posibilidad de ser testigos de una historia en formación: la nuestra. Carece de sentido hablar sin motivo ni función. Por lo que callar ayuda a entender que existen silencios que lo dicen todo, así como palabras que no dicen nada. Los planes se hacen en silencio, se urden en la mente y se bosquejan en la calma para luego practicarlos, transmitirlos y materializarlos: en la noche construimos los sueños del día. 

«Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo», le escucharon decir a Ludwig van Beethoven. A veces es necesario guardar silencio para ser escuchado y escuchar al resto. No es posible entender al otro si no le das su lugar. Eso hace útil y loable al silencio. No se nos debe olvidar que para entendernos a nosotros mismos es necesario entender lo que está fuera. No se puede contemplar sin callar porque de ahí proviene la capacidad de asombro. 

Observa la naturaleza que produce incansable y sin ruido. No oímos crecer a la planta, pero esta crece hasta volverse un árbol. Un bosque completo puede crecer sin pausa y en silencio. Todo sin prisa y en perfecto equilibrio como una sonata escrita para escucharse a lo lejos.

Evalúa las circunstancias y acepta el mutismo

El camino a todas las grandes cosas pasa por el silencio.
Friedrich Nietzsche
(1844-1900) Matemático y Filósofo griego
El silencio es el Sol que madura los frutos del alma.
Maurice Maeterlinck
(1862-1949) Dramaturgo y ensayista belga

Retírate con tal de rearmarte de la misma forma en la que un ejército sale del campo de batalla y reorganiza sus tropas. La visión debe ser reformulada si la estrategia no está dando frutos. Cada pájaro canta de distinta manera y a distintas horas, pero todos guardan silencio en algún momento. Por ejemplo, la música, se encuentra compuesta no sólo de milimétricas tonalidades, figuras y texturas, sino también de silencios. Es, el silencio, aquel refugio y baluarte cuyo nido atiende y custodia nuestros pensamientos y emociones, lo que debemos cuidar celosamente por medio del silencio no dando trecho a que el ruido disipe nuestras energías más profundas. Con el paso del tiempo comenzamos a entender que crecer es comprender que hay momentos en la vida en los cuales el silencio es la mejor respuesta.

Si no estás callando, es momento de comenzar a hacerlo... y más seguido

Las abejas sólo trabajan en la oscuridad; el pensamiento sólo trabaja en el silencio; y la virtud.
Maurice Maeterlinck
(1862-1949) Dramaturgo y ensayista belga

Cuando no tengas qué decir, mejor no digas nada. Esto no es negociable. Callar sirve cuando deseamos limpiarnos, callar nos ayuda a reflexionar y contemplar lo que somos, como aquello que no queremos ser (sobre todo cuando callamos y reflexionamos luego de un arrebato o impulso) Estar en silencio ahonda esa brecha, la muerte se hace más lejana, la pausa acalla el llamado. Los planes se hacen en silencio, se urden en la mente para luego materializarse a través de la práctica.

Regalémonos al menos la ilusión del silencio en este mundo atestado de ruido y, posiblemente y sin pensarlo ni buscarlo, en la quietud de nuestra trinchera logremos maravillosamente escuchar algo tan fuerte y claro que nos haga remecer hasta los cimientos. Seamos esa planta que con las palabras justas y el criterio maduro se convierte en árbol.

Te invitamos a reflexionar en torno a este concepto y darte a lo menos una hora al día para ejercitar el silencio intentando mantener una conversación contigo mismo. Regálate 1 hora en silencio «quizá de regreso a casa. Reármate, planéate y sueña durante el día, quizás esa sea, como en los niños, la mejor manera de burlar el paso del tiempo. La vida es momentánea, aprendamos a vivirla como si fueran horas. 

Escrito por Nuevo Gigante

Somos una comunidad proactiva dedicada al crecimiento y desarrollo personal y profesional. Nos dedicamos a mejorar integralmente lo que somos por medio de lo que pensamos y hacemos. Bienvenidxs.

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