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Las revelaciones emergen desde la rebeldía: primero hago, luego pienso… y desenredo el nudo

¿Cuantas veces hemos tenido algo en la cabeza y luego de meditar, planear y visualizar, recabando todos los pros y contras; lo único que se interpone en nuestro camino a concretarlo somos nosotros mismos? A todos nos ha pasado y por eso queremos reflexionar sobre esta práctica que, si no se detiene a tiempo, se terminará por convertir irremediablemente en un vicio. Sigue leyendo…

Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estás peor que antes.
Confucio
(515 ac.-478 ac.) Filósofo y profesor chino

¿Hasta dónde reflexionar y cómo saber cuánto tiempo es suficiente? ¿Qué tanto nos debe tomar aceitar la máquina para ponerla en marcha?

Si bien no existe respuesta única a estas preguntas (puesto que todas se ciñen a realidades diversas y contextos distintos como personas y modo en el cual se las planteen) lo que sí es unánime, y por ende, imperioso es plantéarnosla, finalmente… ideal que fuese más pronto que tarde; sobre todo si deseamos sacar el máximo partido al tiempo que tenemos para materializar cuanto antes nuestros proyectos.

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¿Cómo, querer es poder?

En el caso que sea, todos sabemos lo trabajoso que se vuelve ponerse manos a la obra ralentizados por el juicio previo que acomete antes de comenzar una tarea (sobre todo si lo que se quiere es hacerla bien) «En la transición del trecho al hecho» perdemos energía, tiempo y lo que es peor, oportunidades. Ya sea por la duda e indecisión, así como por temor al fracaso. Indistintamente, esto que paraliza terminará minando nuestra confianza y autoestima al final del camino. Lo cierto, en definitiva,  es que «demasiado pensar entorpece la acción. 

Se nos dice que desde pequeños querer es la base de la realización, pero lo que no se nos dice es que implícitamente «poder» requiere de capacidades determinadas que vayan en ayuda de aquello que queremos. La motivación es necesaria, evidentemente, pero por sí sola no alcanza para materializar nuestros esfuerzos.
Comúnmente se nos insta a menudo a reflexionar cada paso que damos: se nos habla de la importancia del prudente juicio  en función del objetivo, de los pros y contras, de las implicancias que intervienen en un método u otro; se nos habla, principalmente, desde un discurso que busca la producción de otro discurso. Nada de malo existe hasta que el peso de la experiencia interviene. Se nos insta a la reflexión, pero, ¿se nos insta de igual manera a la acción? Posiblemente no con el mismo tesón y urgencia. El destino de una idea es la ejecución. 

La sociedad nos vende a pie juntilla la idea que, “querer es poder”, así por doquier tenemos gurús quienes la promueven a minuto corrido mediante distintas plataformas y para distintos usos; pero no se debe olvidar que, «poder» «es la facultad de algo hecho previamente, puesto que no se obtiene frutos materializados de los pensamientos si estos no se practican generando experiencia». Dedicarnos, entonces, a reflexionar a tiempo completo es una mala idea si queremos solidificar resultados, ya que la productividad se mide a partir de los objetivos en función de las herramientas que disponemos, y del tiempo de tardamos. Por lo que sin escatimar: la balanza de la urgencia debe inclinarse a ser siempre más resolutivos.

Reflexionar cuando no debemos afecta sustancialmente el devenir de nuestra productividad. Se reflexiona por un fin. La clave está en enfocar y segmentar nuestras reflexiones priorizando el quehacer constructivo de nuestras energías.

Concordemos que cuando hablamos de productividad hablamos de una decisión en sí misma a ser productivo o productiva, no tan sólo referente al ámbito laboral o profesional, sino también, en lo personal, en lo privado. Incluso el bienestar comienza con una decisión y esa decisión se moviliza por medio de pequeñas y grandes acciones. Así, mientras no se ejecute y concrete la idea sólo será eso, una idea. Emprender (buscando hacer extensivo el término)  amerita que podamos empujarnos aún así cuando en ocasiones no queramos realizar, paradógicamente, lo que tanto hemos reflexionado. Cuando reflexionamos, sistemáticamente configuramos un ¿por qué? Un ¿para qué? Y, sobre todo, un ¿cómo? Una causa, una función y un modo, respectivamente.

El problema habitualmente tiende a producirse en este último punto.

Sabías que…

¿…la mayor cantidad de búsquedas en Google comienzan por la palabra «cómo»? Esta pequeña, pero clave palabrita que opera como para distintas cosas es la base para cualquier método/ forma/ modo/ manera. Ya sea, utilizándola, por ejemplo, en su función de conjunción interrogativa, indefinida, como adverbio comparativo, como subordinado relativo o subordinado sustantivo.
¿Coincidencia?

¿Qué está más cerca, el corredor o la meta?

¡El disparo!

Lo que ocurra después del disparo es lo que definirá todo el esfuerzo de quien tanto se preparó. Planificar, estar alerta y enfocados. Después de eso, a moverse…

En cuanto a la pregunta del inicio, la respuesta, debe siempre ser: el corredor.
Siempre el corredor debería ser quien esté más cerca, porque, es él quien acciona los sistemas que ha venido planificando y ensayando durante su preparación. La meta es sólo un estado ulterior que se corona con la victoria, pero es un estado transitorio al fin y al cabo. La línea de meta es una forma fija que no interviene en la competencia sólo hasta ser traspasada  En retrospectiva, las victorias nos brindarán aquel soporte que más tarde se traducirá en nuevos desafíos.

Reflexionar es solo la punta del iceberg que proporciona claridad al momento de ordenar y jerarquizar nuestras ideas e intenciones, y está claro que sin el acto reflexivo de evaluar los pros y contras de un proyecto (cualquiera que este sea) no podríamos sortear airosamente las dificultades que van generándose durante el camino. Sin embargo, ¿te has dado cuenta de que, aunque se visualicen -en todo orden de cosas- una y otra vez, diálogos o situaciones casi siempre no resultan cómo queremos? Esto es porque no contamos todo el tiempo con pleno control de lo que nos circunda, lo que conlleva a no prever de manera precisa a las variables y exigencias del entorno, sobre todo si muchas de esas variables o exigencias dependen de otras personas.
Reflexionar es bueno en la medida que nos da amplitud de acción y aminora los sobresaltos. No obstante, reflexionar a tiempo completo solo procura enlentecer el periodo de acción que hemos venido gestando, ya que no por pensar más seremos tanto más productivos. Asimismo, no por pensar más nuestros proyectos mágicamente comenzarán a tomar forma concretándose.  No podemos esperar a que las cosas caigan como maná del cielo si no somos capaces de obrar en consecuencia. De obrar.
Porque si no, ¿qué haremos el día en que algo deje de caer o de llegar hasta nosotros?
Es común para muchas personas pensar que por el simple hecho de sentarse y planear una idea la idea ya se está llevando a cabo. Decirlo así cuena obvio, así como cruel, resulta que en la práctica no lo es realmente.

Emprender es aprender en el continuo haciendo. El aprendizaje es un acto pragmático que debe tener su fundamento en la realidad. El acto de aprender debe ser utilizable y reutilizable, destinable y transferible. Pues las ideas son el sustento de nuestras acciones, pero todo lo que pensamos debe ser seguido por la obra. Reflexionar es un estado, cuya posibilidad permite crear modelos estratégicos ante los imprevistos. Pero no es otra cosa que la acción, lo que define el cambio. No tiene sentido, entonces, reflexionar para seguidamente no actuar.

El corredor desde la línea de partida corre visualizando la meta, pero también se implica en el trayecto y disfruta del proceso. Un invento sale a la luz luego de una concienzuda reflexión. Durante la gestación de la idea antes de ser invento, se adquirieron nuevos conocimientos durante el trayecto que de no haber sido adquiridos por medio de «ensayo y error», hoy no habrían inventos.

¿Por y para qué reflexionamos? Reflexionamos, en apariencia, con la intención de generar mayor valentía, mayor confianza a priori, pero también en función de un mayor porcentaje de eficacia reduciendo ostensiblemente las equivocaciones. Cada reflexión que hacemos debe ser parte de un tejido orgánico de otras reflexiones, en una suerte de urdiembre (jamás azarosa)  que coexista con la experiencia.

¿Hasta dónde reflexionar? Eligiendo la oportunidad

Las oportunidades son como los amaneceres: si uno espera demasiado, se los pierde.
William George Ward
(1812-1882) Escritor y teólogo inglés

¿La oportunidad se revela ante nosotros como un designio o es posible elegirla? La respuesta es para ambas partes. Es cierto que ciertas oportunidades se nos plantan delante como un palmo de narices, por lo que el problema no es una falta patente de observación sino de reacción ante la oportunidad. La imposibilidad de realización de una acción conlleva a postergarlo todo hasta que la oportunidad se vuelve más concreta, más alcanzable y más segura. Sin embargo, por la ciega exigencia de esa seguridad tangible que tanto necesitamos para movernos podemos perder cosas significativas: el inicio de un negocio, un cambio de trabajo, invitar a salir a alguien, formar una relación sentimental o tan sólo el haberse quedado con algo importante que decir a una persona. Dice el dicho «hay oportunidades que se dan un sola vez en la vida». Y es muy cierto. 

Usualmente vivimos con la idea que las cosas estarán ahí para nosotros, apreciamos la estabilidad que brinda la zona de confort que hemos venido contruyendo y seguimos el mismo camino de siempre. Todos queremos mejorar nuestra condición actual, el problema no es apreciar lo que hemos venido construyendo, es mejorar lo que tenemos estando dispuestos a afrontar los cambios. 

Tomar una oportunidad se relaciona directamente con la idea de cambio y si bien el cambio conlleva la idea de dar un pie en falso, tampoco un cambio debe hacerse sin un plan. Todo riesgo debe ser medido y no improvisado. La posibilidad de fallar está latente, pero no podemos prever a ciencia cierta si habremos de fallar. El miedo es un hecho, existe y seguirá estando, la clave es autogestionarse cuando el miedo llegue.

Si comenzamos paralizados ya habremos perdido antes que suene el disparo. El miedo al fracaso nos insta a reflexionar una y otra vez… y otra vez. Debemos movernos...

Es común tener miedo a tratar temas o circunstancias determinados en nuestra vida enfrentarnos a aquello que tememos, que en muchas cosas es solamente duda. Se vuelve urgente comprender, entonces, que el concepto de fracaso es algo ambiguo y más dificil de aprehender, realmente tenemos miedo a los cambios porque tenemos miedo al rechazo y al ridículo. A exponer cómo nos sentimos, a volvernos vulnerables. Porque nos hemos ido dando cuenta que, bajo la lupa del mundo, fallar es motivo de estupidez. Nos hemos ido dando cuenta que la presión social tiene más peso y valor que lo que creemos que debemos ser y hacer. Eso es lo que nos paraliza a actuar con mayor libertad: el juicio ajeno. 

Convierte tus dudas y temores en desafío y convicción comienza por esas pequeñas acciones que harán un cambio integral. Nuevamente: el miedo existe y seguirá existiendo. Todos deseamos vivir algún día sin miedo, pero eso no es factible: el fracaso personal en las relaciones humanas, el fracaso laboral, la pérdida de un ser querido, el no encajar en un grupo social, son situaciones de las cuales no podemos escapar porque ansiamos hacernos con un margen importante de control para con nosotros mismos. Lo que queda es tan sólo hacer lo que mejor podamos con las herramientas y/o recursos que tengamos, sin descuidar la curiosidad, la creatividad y la proacción. Reflexionar es necesario. Nos alienta. Reflexionar es lo que precede a la decisión y siempre estaremos condenados a decidir. Es mejor ir haciéndonos la idea.

Pensar y actuar van de la mano. Arriesgarnos es la llave a la oportunidad de cambiar para mejor cualquier dimensión de nuestra vida.

Unir nuestras reflexiones una a otra es preservar y elaborar un mecanismo de coherencia conductual para el presente y el futuro. La corrección y la autocrítica, incluso en forma de mea culpa, es una parte fundamental en nuestra perfectibilidad humana. Sin la autocrítia y la predisposición al cambio el cual genera aprendizaje y luego etratégia, nuestra estadía en este mundo se haría más difícil, insípida y errática. Sin la crítica no avanzamos y para eso se hace útil el acto de la reflexión. Somos nosotros mismos fenómenos de nosotros mismos, en el sentido más amplio del término.

Plantea márgenes de tiempo. Trabaja en la búsqueda de un fin claro y ponte metas diarias, semanales y mensuales y bosqueja el mediano y largo plazo obteniendo nuevas victorias que producirá nuevas satisfacciones que alimenten esos fines.

Alimenta el espíritu... haciendo

Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa.
Gilberth Keith Chesterton
(1874-1936) Escritor y Crítico Literario Inglés

…Y hasta las últimas consecuencias. El espíritu se alimenta de todas las cosas, tangibles e intangibles, desde símbolos, pasando por gestos y acciones que parecieran no tener mayor importancia, pasando por lo bueno y lo malo, hasta compromisos imperecederos. Hacer no se trata de hacer por el simple automatismo de hacer si no de arriesgarse a aprender. Todo conocimiento resulta a lo menos agresivo porque nos obliga a reacomodar lo que creemos y sentimos. Así con todo, se hace necesario generar nuevo conocimiento para que en ese “hacer” (mientas dura la marcha) podamos generar aún más conocimientos y habilidades de las que hubiésemos conseguido en caso de habernos quedado únicamente pensando.
Sacrifícate y disfruta del esfuerzo realizado, porque en términos conductuales el esfuerzo se premiará con satisfacción personal, al margen de si resulta o no.

Tiene un sabor distinto comer un pastel hecho por nuestras propias manos que haberlo comprado. Si bien, el primero, podrá saberse mucho más delicioso al gusto; el segundo, alimentará el espíritu.

Te damos 5 tips infalibles para concretar tus proyectos

Los proyectos no fallan al finalizar, fallan en su concepción.
Anónimo
No planificar es planificar el fracaso.
Anónimo

1.- "Reflexionar" nos provee de armas

Para desarrollar un plan el cual permita avizorar el panorama completo de lo que vayamos a hacer más tarde. Emprender y bosquejar un proyecto debe ser movido a través de la proactividad movilizándonos con tal de alcanzar lo que deseamos.

2.- "Ansiada Proactividad"

La proactividad definitivamente engrandece nuestra capacidad de mejora ante posibles convenientes por medio de la disposición. Manteniéndonos siempre alertas y enfocados perfeccionando así nuestras habilidades e intensificando nuestro carácter mejorará considerablemente la voluntad a empujarnos a pensar siempre en el fin.



¿Tienes problemas con destinar tiempo para concretar tus proyectos?Mucho de eso puede deberse en parte a la procrastinación. Te sugerimos, definitivamente, leer este artículo en donde te decimos cómo ser más productivo y eficiente.

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3.- "Visualiza" las oportunidades

Visualiza las oportunidades aun cuando no sean evidentes, puede que estemos siendo testigos de importantes decisiones que sólo por cobardía no estemos tomando.

4.- "Busca" respuestas

Toda acción reflexiva debe imperiosamente condensarse en forma de respuestas. No hay problema si en el transcurso van acumulándose más preguntas, porque esa es la prueba fehaciente de que nos vamos moviendo de nuestro punto de partida.

5.- "Arriésgate" a pesar de todo

No te preocupes cuán confuso parezca el panorama, pues la reflexión previa perfilará el riesgo como riesgo medido y alcanzable. Una vez que te lances, las demás veces será más fácil.

No te preocupes cuán confuso parezca el panorama, pues el pensamiento que hayas hecho perfilará el riesgo como riesgo medido y alcanzable. Reflexiona, visualiza, prepárate y mantente dispuesto a emprender el vuelo cuando suene el disparo. Una vez que te lances, las demás veces será más fácil.

Escrito por Nuevo Gigante

Somos una comunidad proactiva dedicada al crecimiento y desarrollo personal y profesional. Nos dedicamos a mejorar integralmente lo que somos por medio de lo que pensamos y hacemos. Bienvenidxs.

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